“10 años para nada 2008/2018”, de AITOR SARAIBA

14.Feb - 22.Mar

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En los últimos diez años he presenciado como Aitor retrataba a estrellas pop, sanaba con sus dibujos curativos, llenaba nuestras casas de demonios, unicornios, calaveras... y he visto como crecía como artista y como hombre hasta llegar a ser una de las señas de identidad del arte de este país en este arranque de siglo, convirtiéndolo en un lugar más bonito, más marica y más metalero, ¡tan necesario!
Alaska
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Conocía a Aitor Saraiba solamente a través de sus trabajos, de sus dibujos, de sus escritos y ya me fascinaba.
Luego le conocí por accidente, nunca mejor dicho, y nuestras vidas se cruzaron para siempre. Bueno, quizá por más razón que una sola casualidad, pero eso sí, convirtiéndonos en un tsunami de emociones. Vomitamos durante horas aquellos días nuestra intimidad, sin querer comer ni separarnos, en un ir y venir de recuerdos, agazapados en su antiguo estudio, repleto taller, en aquella terraza, rodeados de esquejes y bosquejos de sus trabajos e influencias, con vistas al antiguo Madrid, y quitándonos la palabra como se la quitan los amigos íntimos que han vivido una historia que les ha sido común. Repasando el pasado cautelosamente, pues queríamos borrarlo a toda costa sin dejar un solo detalle, no fuera que apareciera por sorpresa en el futuro.

Admiramos el uno del otro nuestra desesperación y sorpresa, nuestras distintas maneras de ser; ya sabéis, ese abrirse en canal como solo se puede hacer ante un desconocido.

Y es aquí y ahora cuando se presenta mi amigo, si amigo, porque tras aquellos días de darnos la vuelta como calamares, algo nos unió para siempre.

Es ahora, decía, cuando se presenta de nuevo haciendo resumen de estos últimos diez años, empezando en el 2007 y acabando en este 2017, año donde a mí la vida me ha cambiado para siempre. Aquí empieza para ambos sin duda una nueva etapa. Y yo le estaré observando atentamente, disfrutando a la distancia que la vida nos permita

Javier Cámara

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Cuando Aitor Saraiba abre la boca sale un poema. O un telar. O la mejor idea con chimenea para pasar un fin de semana frío de invierno, que es otra forma de poema. Aitor hace sentir afortunado a quien se le acerca y como es tan difícil mantenerse alejado de él, si lo conoces, te conviertes automáticamente en un ser dichoso. Es como sus dibujos, su alma se escapa de las líneas y las manchas del papel, todo se confunde. Yo me enamoré de su trabajo cuando vi unos dibujos a línea que escupían fuego. De él lo hice después de cruzar un par de palabras y ver cómo era de incontinente y de sólido, y desde aquella noche he intentado mantenerme cerca.

Deseo que Aitor se alargue en el tiempo tanto como su amado Nicanor Parra porque estos diez años productivos, densos y valiosos que vemos aquí, son polvillo, son sólo el prólogo de lo que va a darnos.
Paula Bonet

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Yo no exagero cuando digo que la primera exposición de Aitor en la Fresh me hizo crecer más que cualquier otra exposición que hubiese visto antes, ni exagero cuando digo que Aitor quiere vivir y ser feliz con lo que mejor sabe hacer que es escuchar tanto a los otros como a sí mismo y luego mover el rotulador.
Tampoco exagero cuando digo que el verdadero artista, el artista necesario, es el que lleva un chamán dentro y no un decorador.
Os juro que digo la verdad cuando cuento que la acción de los dibujos curativos que Aitor hizo en la Fresh en el 2009 me mostró algo que llevaba tiempo buscando y que no era otra cosa como la sencillez de la magia que se genera cuando uno da un poquitín de uno mismo sin pedir nada a cambio.
Y es que Aitor es un verdadero artista contemporáneo pues con su forma de actuar y su posicionamiento ante el perverso mundo del arte establecido consigue superarlo y desenmascararlo de una forma natural.
Por otra parte, para mí, La Fresh es la mejor galería de arte de Madrid pues no tiene trampas y no pertenece, ni tiene ningún interés en pertenecer, al mundo de la mentira institucionalizada que es la mayor parte del sector artístico convencional.
Topacio Fresh tiene una luz tan especial que, sin esfuerzo alguno, solo con ser ella, ilumina todo lo que tiene al lado por lo que es magia también: personas creíbles, personas que marcan las diferencias y que son vías de esperanza dentro de un mundo unificado por unos patrones unívocos e incomprensibles.
Celebro este encuentro de reencuentro de Aitor y La Fresh y ojalá en él otros encuentren la magia y pasión que a mí me deslumbró hace ya muchos años.
Arte es lo que cada uno quiera que sea arte y para mí el arte es esto, es la cercanía y el poder transformador de cualquier gesto, ese que puede estar dentro de un pequeño dibujo o de un gran cuadro, el poder sin nombre que todos anhelamos encontrar para enriquecer un mundo que solo es materia y que solo tiene sentido a través de lo que nosotros con nuestro mirada sabemos construir. Aitor nos da la clave. La Fresh, como Altmara lo fue, es la cueva encantada perfecta.
Rafael Doctor Roncero

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10 años no son nada
pero estuve a punto de morir dos veces,
me enamoré al menos de una persona
y regalé mi corazón a una decena que nunca lo merecieron
viví en cuatro países
y siete ciudades
un total de dieciséis casas.
Leí y escribí todos los libros que pude,
pero por ahora como decía Borges
sigo estando más orgulloso de los libros que he leído
que de los que he escrito.
He trabajado haciendo cestas de navidad en una nave industrial donde pensé moriría de frío, recogiendo vasos, en un taller haciendo cajas de cartón, vendiendo ropa, doblando ropa y dando clases.
No empecé a vivir del arte
hasta que no empecé a regalarlo,
un principio cabalístico que tuve claro
desde muy niño.
Creo en la Magia más que en el Arte,
pero en nuestro siglo están mejor vistos
los artistas que los magos,
así que esa es la única razón por la que me hice artista,
si no, sin duda me hubiera hecho mago, curandero o chamán.
He viajado, no mucho,
pero si todo lo que he podido,
y mi país favorito es España,
esto lo descubrí un día estando sentado en una estación de autobuses de un país muy lejos del lugar donde me crie,
mi barrio Patrocinio de San José,
lugar que me ha dado más de lo que jamás
le daré yo.
Tengo amigos, pocos, pero muy buenos.
Tengo una o dos personas a las que sé puedo llamar en mitad de la madrugada
decirles que estoy en tal sitio en apuros
y que tienen que venir con mil euros en el bolsillo y sé se presentarían allí
sin interrogarme ni juzgarme.
Por ellos saben que haría lo mismo.
Vivo con un perro,
que es de las mejores cosas
que me han pasado nunca.
Adoro Madrid y Los Ángeles.
No tengo carné de conducir
ni casa propia
y nunca me he casado.
De niño pensé que antes de los treinta
tendría todo eso.
Me gusta mucho la poesía,
sobre todo, la que escribe Nicanor Parra, Nazim Hikmet y Borges,
también me gusta mucho la música,
los huevos fritos y el color rosa.
Uno de mis últimos pasa tiempos favoritos
que he descubierto tarde,
pero estoy alegre y contento de haberlo al menos descubierto,
es estar con mi padre,
que se llama Antonio.
A veces dibujo y otras escribo
En ocasiones hago las dos cosas a la vez.
En los últimos 10 años he descubierto dos cosas;
que nada es tan grave y que la vida no es una fiesta.
Aitor Saraiba